Todas contamos con valores, actitudes y competencias que nos caracterizan. Y como resultados de los tres: el talento.
Ahora bien, hay talentos latentes, aquellos que no se han identificados o no se han desarrollado y talentos realizados, aquellos desarrollados que ayudan a las personas a creer en sí mismas y conseguir las metas que se proponen.
¿Cómo convertir el talento latente en realizado?
Ya desde pequeñas estamos expuestas a situaciones en las que nuestro potencial se pone de manifiesto. A veces se ve frustrado por las falsas creencias de los padres acerca de lo que es bueno para sus hijas/os independientemente de su talento. La familia y los/ las profesores/as son figuras facilitadoras del talento y ayudan a desarrollar en la persona seguridad en sí misma y en su potencial.
De mayores, el abanico de posibilidades que se abre ante nosotras se multiplicará si sabemos seguir desarrollando nuestro talento para así obtener los resultados esperados.
En la situación actual en la que se encuentra nuestro país, es momento clave para ayudar a mantener y no dejar escapar jóvenes que encuentren la oportunidad laboral fuera de nuestras fronteras.
A veces el talento también se ve frenado por el miedo al fracaso; por eso es importante fomentar y recompensar ese talento; este reconocimiento creará personas seguras de sí mismas y satisfechas a nivel laboral, personal y social.
Al hablar de talento no hay que olvidar que hablamos de personas y el respeto de unas hacia otras hará que se potencie ese talento en un escenario de cooperación, desde la igualdad de oportunidades y siendo responsables todos/as. De esta forma hablamos de una transformación de la sociedad y no de un mero cambio coyuntural.
Cultivemos el talento. Como decía Victor Hugo: “no hay malas hierbas, ni hombres malos; tan sólo malos cultivadores”.
Y tú, ¿sabes reconocer el talento?
Rosa Alameda






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