Era del cambio.
Nada permanece. Todo cambia y fluye. Los cambios a los que una persona se somete en la vida son múltiples: nuevo cole, nueva casa, nuevos amigos, nuevos trabajos, nuevas parejas, hijos, nuevos status….y todo supone una acomodación del estado actual.
En las empresas pasa lo mismo. La globalización y la apertura de las comunicaciones tienen como consecuencia nuevos paradigmas de actuación. La competencia entre organizaciones hace que quien se adapte, sea flexible o genere nuevas estrategias, podrá mejorar y disminuir la incertidumbre a la vez que seguir creciendo.
Ahora bien, el cambio no siempre sienta bien, no siempre es voluntario. Y modificar los hábitos y costumbre de las personas genera, cuanto menos, incomodidad, desasosiego, pérdida de control y resistencia.
Estos sentimientos que pueden dar lugar al bloqueo y rechazo de la nueva situación, se pueden minimizar.
En el caso de las empresas es importante la comunicación. Informar de los cambios que van a llevarse a cabo es fundamental, así como los motivos. No siempre se podrán comunicar todos pero sí apostar por la mayor transparencia en todo momento. Es importante involucrar a las personas que van a ser protagonistas del cambio, de esta forma se sienten que son parte importante del proceso.
A nivel personal, el cambio siempre es una oportunidad de aprendizaje. Para que el proceso de cambio genere menor miedo es importante ser flexible, conscientes de que en la vida todo cambia. Tener una visión abierta, percibir el cambio como un reto, nuevos aprendizajes, una nueva etapa. Ampliar la visión, incluso salir de la famosa zona de confort.
Como decía Einstein: si buscas resultados diferentes no hagas siempre lo mismo.
Y tú, ¿cómo afrontas el cambio constante?
Rosa Alameda






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