Además de pensar en aquello que no tenemos, no alcanzamos, ¿te has parado a pensar en aquello que sí quieres conseguir?
¿Tienes un objetivo claro?
Los objetivos son fundamentales a la hora de conseguir nuestras metas. A pesar de que, aparentemente resulta sencillo, establecer unos objetivos puede llevar más tiempo del deseado.
Existen distintos tipos de objetivos; según John Whitmore los objetivos basados en rendimiento y objetivos asociados al fin. Estos últimos no dependen de nosotras, sino que se mezclan con otros factores externos. Los objetivos basados en el rendimiento dependen de nuestro esfuerzo y dedicación.
Para que un objetivo sea llevado a cabo es importante:
– que sea específico y claro
– que se pueda medir (que sea cuantificable)
– que sea realista
– que pueda abordarse en fases
– que esté siempre enunciado en positivo (no sirve de mucho marcarse como objetivo algo que NO quieres conseguir)
– que suponga un desafío y sea motivador para la persona que se marca ese objetivo.
Sobre este objetivo marcaremos metas a corto plazo que nos acerquen a él que, a su vez, nos acercará al objetivo final.
Y las metas a corto plazo las subdividiremos en metas inmediatas.
Finalizada la lista con todas las metas, es importante ser consciente de la situación por la que está pasando la persona; es decir, percibir las cosas tal y como son. De lo contrario, una visión distorsionada de la realidad dará lugar a la mala consecución de los objetivos.
El siguiente paso es realizar un plan de acción. Pongamos fecha a la ejecución de cada una de las metas del listado. Es importante ser muy concretas en el día ya que fechas como el mes que viene o el año que viene hace que se disipe la meta y nuestra concentración en conseguirla.
En el camino pueden surgir contratiempos y obstáculos: tenerlos en cuenta ayudará a prevenir y a tener preparadas distintas opciones para continuar.
Y tú: ¿ya sabes qué quieres conseguir?
Rosa Alameda






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