Una vez vistas en entradas anteriores aquellas competencias de la inteligencia emocional que se refieren a la esfera intrapersonal (para con una misma) como son la forma de conocerse (autoconsciencia) y regular las propias emociones (autorregulación), pasamos a la esfera de lo interpersonal: las habilidades con el resto de personas.
El beneficioso es para todos, ya que somos seres sociales en constante interacción con otras personas.
Desde la familia hasta desconocidos, con los que intercambiamos unos minutos de conversación, podemos estar trabajando la empatía. Poder entender a quien tengo enfrente, saber qué piensa y sobre todo qué siente, ayuda a manejar situaciones y evitar, en muchas ocasiones, conflictos.
Trabajar la empatía, teniendo presente la escucha activa, escuchar con todos los sentidos y sin valorar o prejuzgar, facilita tener una imagen real de esa persona y poder entenderla mejor.
En la familia, trabajar la empatía hace que todos los miembros se sientan escuchados, comprendidos; se generan, por tanto, relaciones más positivas.
En la pareja sucede lo mismo: al tratar a la persona como me gustaría que me trataran, desde el respeto y la comprensión, evita situaciones conflictivas y de frustración.
En el ámbito laboral aquellas personas que son más empáticas obtienen mejores relaciones con sus compañeros, son apreciadas por ser más positivas y por tener capacidad de escucha.
Pero ¿por qué si la empatía nos aporta tantos beneficios no somos capaces en ocasiones de ponerla en práctica? A veces las personas nos dejamos llevar por nuestros deseos a corto plazo antes que entender a quien tengo enfrente. Quizá sea necesario revisar nuestra escala de valores y conocer nuestro nivel de tolerancia a la frustración para saber qué estamos dispuestas a ceder, por ejemplo, para que la otra persona se sienta mejor.
Y tú, ¿Cuánto te ocupas entender a las personas?
Rosa Alameda






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