Si perdonar a los demás puede resultar un largo proceso, perdonarse a una misma no es menos. Requiere absoluta sinceridad con una misma; es aceptar que lo que sucedió fue porque no podíamos (o no sabíamos en aquel momento) hacerlo de otra manera.
El ego es el encargado de que no podamos perdonarnos; es el juez interno que decide castigarnos por lo que deberíamos haber hecho o dicho ese día.
Igual que sucede en el perdón a los demás, existen beneficios de No perdonase a una misma:
- Castigo, sentir culpabilidad para recordar una y otra vez lo que hicimos mal. Si me perdono, dejo de tenerlo presente.
- Evitar tener que pedir perdón o subsanar el error y poder mantener distancia con la persona a la que hicimos daño. Si me perdono tengo que volver a mantener relación con la persona a la que hice daño.
- Evitar hacer frente a la realidad. Si me perdono, tengo que enfrentarme al pasado y eso me duele demasiado.
- Evitar aceptar que no se pudo hacer de otra forma.
- Mantenerse en el papel de víctima. Si me perdono, dejaré atrás el pasado y no podré quejarme. Preferimos seguir sintiendo culpa y dolor antes que salir de la zona de confort y hacer algo distinto.
¿Cuánto quieres perdonarte por aquello que hiciste, dijiste, pensaste? ¿Cuánto deseas dejar de castigarte?
Decidir perdonarnos hace que el ego pierda fuerza, protagonismo. Es finalizar una etapa de apego a algo que nos hace esclavas.
¿Cómo podemos perdonarnos? Hay varias formas, externas e internas:
- Pedir disculpas a quién hicimos daño. No significa retomar la relación con esa persona, pero si sanar el pasado. Puede que la otra persona no esté dispuesta a perdonar porque su rabia o rencor no se lo permite. Aceptemos que esa persona tiene derecho a no perdonarnos, pero no esperemos que ella nos perdone para liberarnos.
- Escribir una carta de disculpa o donde se cuente la verdad. Podemos enviarla o no.
- Confesar la verdad de lo sucedido. El mero hecho de contar en voz alta lo que sucedió (aquello por lo que nos sentimos culpables) ya es liberador.
Es importante no generar expectativas, no esperar nada de nadie (ni de una misma) por haber pedido disculpas o confesado la verdad. Si esperamos algo a cambio de eso, puede ser frustrante no obtenerlo.
A nivel interno, para perdonarnos, de corazón, lo primero es asumir la responsabilidad y aceptar lo que sucedió: en aquel momento, con lo que sabíamos, no podíamos haber reaccionado de otra forma. Probablemente hoy sí pero en aquel momento no. Sucedió tal y como tenía que suceder.
Y aceptemos también nuestras emociones: Recuerda, no son buenas ni malas, están ahí porque tienen algo que decirnos. Reconocerlas, sentirlas, no juzgarlas, será el camino hacia la aceptación.
¿Cuánto caso quieres hacer a tu YO y dejar de vivir bajo el juicio del Ego?
El perdón hacia una misma es un proceso largo. Cuanto más nos queramos, nos aceptemos, mayor consciencia tendremos de nosotras y mayor capacidad por tanto, de perdonarnos.
Rosa Alameda





