El otro día asistiendo a un taller de empleo una de las personas allí presentes mostraba su indignación porque, a pesar de enviar el curriculum en respuesta a todas las ofertas de su sector, no le habían llamado para realizar, ni siquiera, una entrevista. No entendía cómo era posible que con su trayectoria profesional y sus 21 años de experiencia como secretaria de dirección, no encajara ni en un perfil junior. Se preguntaba por qué nadie le daba una oportunidad a pesar de su valía.
Otra de las personas le preguntó: ¿crees que eres la única que está en esta situación? ¿Por qué te van a llamar a ti habiendo gente más joven y más preparada que tú dispuesta a cobrar la mitad?
En ese momento se produjo un silencio y una situación un tanto incómoda.
La incertidumbre en el ámbito laboral y la ausencia de respuestas inmediatas ante el envío de curriculums es un ejemplo de frustración.
La frustración según la RAE es privar a alguien de lo que esperaba.
A lo largo de la vida, las personas nos vemos sometidas a distintos grados de frustración según la importancia que demos a aquello que no conseguimos. Y estos distintos grados de frustración darán lugar a enfado, molestia incluso pueden llegar a angustia y depresión. Pensamientos como esto no lo soporto, por qué los demás sí y yo no, necesito tener tal o cual cosa ya…hacen que la frustración vaya en aumento.
Al llegar a la vida adulta aquellas personas que estén acostumbradas a trabajar la tolerancia a la frustración podrán afrontar y enfrentarse a situaciones incómodas de forma más sana e inteligente. No se conformarán con lo primero que se les ocurra, ni se molestarán por la primera puerta que se cierre en sus narices. Seguirán intentando conseguirlo una y otra vez.
Se necesita por supuesto paciencia y reconocer que en la vida existen situaciones que no podemos controlar y no dependen de nosotras.
La recompensa inmediata no genera un bienestar constante, es simplemente eso: inmediata y pasajera.
Nuestra capacidad de reaccionar ante los inconvenientes que surgen es fundamental para tolerar la frustración. Pensar en distintas opciones y sobre todo buscar la acción (y no la parálisis) ayudará a obtener pistas sobre cómo y por dónde seguir.
¿Reconoces algún momento en el que te hayas sentido frustrada? ¿Cómo lo resolviste? ¿Cúanto tiempo duró ese malestar? Y lo más importante: ¿qué hiciste para sentirte mejor?
Está claro que la constante queja no nos aleja de aquello que nos provoca el malestar. ¡Actuemos en consecuencia!
Y tú ¿qué haces ante la frustración?
Rosa Alameda






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